martes, 19 de marzo de 2013

Las nuevas formas de gestión

Las personas de cualquier organización se interrelacionan para alcanzar las metas individuales y colectivas. Y uno de los requisitos es que exista coordinación y objetivos comunes. Si una organización opta porque no existan objetivos comunes entre los distintos niveles; si los objetivos organizativos y los individuales son divergentes, es imposible esa interrelación y la existencia de la organización misma. 

La Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid optó hace tiempo por unos objetivos propios (la privatización de los servicios) que no comparten la inmensa mayoría de los profesionales que trabajan para ella, ni los ciudadanos que reciben esos servicios. No solamente no los comparten sino que están posicionados claramente en contra. Así la jerarquia de la organización tiene objetivos divergentes de los objetivos de los profesionales. Es más, la Consejería está rompiendo LOS VALORES compartidos por los profesionales del sistema sanitario público madrileño, entre los que destacaba el carácter público de los servicios, tanto en relación a su financiación como a su provisión. Y llevar adelante unos planes que chocan con los valores previos de los profesionales, es no saber absolutamente nada de lo básico en gestión pública de servicios sanitarios. Porque, a diferencia de otras organizaciones, en sanidad, los profesionales están altamente cualificados, toman las decisiones más importantes en cuanto a los servicios y no se puede actuar, en cambios importantes, en contra de su opinión. 

Todo esto, en un contexto de disminución de derechos laborales (no financiación del 100% de los días de baja laboral, menos días libres, reducción de más del 10% del salario de hace unos años, aumento de jornada laboral, aumento de trabajo porque no se cubren ausencias, etc); y en una campaña continua de desprestigio de los servicios públicos (sanidad y educación principalmente).

La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid se ha gastado cientos de miles de euros en cursos de gestión de calidad, en evaluaciones EFQM (¿donde quedan los profesionales en esa evaluación?), en planes estratégicos, etc. Para, ahora, darle una patada a todo y aplicar de manera autoritaria su idea de cómo deben ser las cosas.

Es la nueva gestión: la gestión sanitaria autoritaria. 




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